El cuento del 333

Los invito a empezar este día miércoles con un cuento para la reflexión. En este caso vamos a leer un cuento de Bob Proctor. Espero que les guste y los invite a conectarse con la posibilidad

¡Que lo disfruten!.

 

 

Por aquel entonces yo participaba en un seminario de fin de semana en el

Deerhurst Lodge, al norte de Toronto. El viernes por la noche, un tornado

arrasó un pueblo llamado Barrie, situado más al norte; mató a docenas de

personas y causó daños por valor de millones de dólares. La noche del

domingo, al regresar a casa, detuve el coche al llegar a Barrie. Desde el arcén

miré en derredor y me enfrenté al desastre. A mi alrededor no veía más que

casas destrozadas y coches volcados.

Esa misma noche, Bob Templeton volvía a casa por la misma carretera. Se

detuvo, como yo, para contemplar el desastre, pero sus pensamientos eran

distintos de los míos. Bob era el vicepresidente de Telemedia Communications,

dueña de una cadena de estaciones de radio en Ontario y Quebec, y pensó que

debía de haber algo que pudiéramos hacer por aquella gente mediante las

estaciones de radio de Telemedia.

La noche siguiente yo estaba trabajando en otro seminario, en Toronto. Bob

Templeton y Bob Johnson, otro vicepresidente de Telemedia, entraron y se

quedaron de pie al fondo de la sala. Ambos compartían la convicción de que

tenía que haber algo que poder hacer por la gente de Barrie. Terminado el

seminario nos fuimos al despacho de Bob, que estaba decidido a poner en

práctica la idea de ayudar a las personas que habían sido víctimas del tornado.

El viernes siguiente, reunió en su despacho a todos los ejecutivos de

Telemedia. En la parte superior de una hoja escribió tres veces el número tres y

se dirigió a sus ejecutivos:

—¿Les gustaría reunir tres millones de dólares, para dentro de tres días,

en no más de tres horas y entregarle ese dinero a la gente de Barrie?

La única respuesta fue el silencio, hasta que finalmente alguien dijo:

—Templeton, estás loco. No hay manera de hacer lo que propones.

—Un momento —lo detuvo Bob—. Yo no les pregunté si podíamos, ni

siquiera si debíamos. Simplemente, les pregunté si les gustaría.

—Claro que nos gustaría —respondieron todos.

Entonces, Bob trazó una gran T debajo del 333 y a un lado escribió: «¿Por

qué no podemos?». Y al otro: «¿Cómo podemos?».

—Al lado del «¿Por qué no podemos?» sólo pondré una X bien grande. No

vamos a perder el tiempo en pensar por qué no podemos, no tiene valor alguno.

En el otro lado vamos a anotar todas las ideas que se nos vayan ocurriendo

sobre cómo podemos, y no vamos a salir de esta sala hasta que no hayamos

resuelto el problema.

Se produjo un nuevo silencio, hasta que por fin alguien dijo:

—Podríamos hacer un programa de radio de cobertura nacional.

—Excelente idea —aprobó Bob, y la anotó. Antes de que hubiera

terminado, alguien más dijo:

—No podemos hacer un programa de radio que cubra todo Canadá,

porque no tenemos estaciones de radio en todo el país.

La objeción era muy válida, porque Telemedia sólo tenía estaciones en

Ontario y Quebec.

—Pero podemos intentar convencer al resto de emisoras para que

participen en el proyecto —replicó Templeton.

En realidad se trataba de una grave objeción, porque las estaciones de radio

son muy competitivas. Nunca habían colaborado entre ellas, lograr que lo

hicieran sería virtualmente imposible.

De pronto, alguien sugirió:

—Podríamos conseguir que Harvey Kirk y Lloyd Robertson, los nombres

más importantes en el mundo de la radiodifusión canadiense, respaldaran el

proyecto.

A partir de entonces fue absolutamente fantástica la manera en que

empezaron a fluir las ideas.

El martes siguiente ya tenían un acuerdo con cincuenta estaciones de radio,

a lo largo y ancho del país, para emitir el programa. No importaba quién

participara en el proyecto, siempre y cuando el pueblo de Barrie consiguiera el

dinero. Harvey Kirk y Lloyd Robertson auspiciaron el programa ¡y

consiguieron reunir los tres millones de dólares en tres horas en el término de

tres días hábiles!

Ya ves que se puede hacer cualquier cosa si uno se concentra más en cómo

hacerla que en buscar las razones que aparentemente la hacen imposible

Para preguntarnos:

¿Cuántas veces nos concentramos en lo que no queremos en vez de lo que sí queremos lograr?

En dónde soles poner el foco…¿en aquellas cosas que te impiden lograr lo que queres o en los recursos internos que dispones para llegar a los resultados?

¿Qué cosas te dijiste hoy que no podías hacer o lograr? ¿Qué pasaría si dijeras “cómo puedo hacer para que ésto suceda”?

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2 pensamientos en “El cuento del 333

  1. Excelente relato que incide en aquel conocido corolario de que “La distancia entre lo imposible y lo posible reside en la voluntad del Hombre”.
    Y no por sabido, deja de constatarse a diario como por naturaleza el hombre tiende a negar de alguna manera aquello que no comprende, no se atreve a afrontar o no conoce el enorme potencial que posee él, más la fuerza del Equipo.

    • Yuca muchas gracias por el aporte!.
      Respecto a la fuerza del equipo, creo que cuando un equipo logra accionar desde la sinergía los resultados que se obtienen son extraordinarios. Lejos de sostener creencias limitantes o de no posibilidad, el foco lo ponen en el “como”…en cómo hacer que esto suceda. La brecha entre lo posible e imposible, de esta manera, se diluye.

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