¿Qué es lo que sí puedo hacer en esta situación?

A lo largo de la semana pasada fui publicando en la fan page de Willing artículos, citas y actividades que tenían que ver con el cambio. Hay una frase que leí que me pareció muy oportuna, que dice “Como el río que, entre las rocas va encontrando el cauce por donde sí puede pasar ¿Qué es lo que sí puedo hacer en ésta situación?”.  Muchas veces ponemos el foco en todo lo que hay que modificar, en esas cosas que queremos que cambien y no cambian, en aquellas acciones que no se llevan a cabo, etc. Cuando ponemos nuestro foco en todo aquello que no depende de nosotros es como si nos toparamos constantemente con una pared y queremos moverla con nuestras manos. Esto produce una sensación de desgaste mental, de frustración y de perdida de energía.

En PNL hablamos de metaprogramas para designar a aquellos modelos que determinan la información que dejamos entrar, son filtros de nuestra percepción. Un metaprograma tiene que ver justamente con esta tendencia en algunas personas de fijarse en los aspectos positivos de una situación mientras que otras se fijan en lo que falta…¿Está el vaso medio lleno o medio vacío?.Estos metaprogramas muchas veces nos suceden en transparencia y no solemos cuestionarlos.  No obstante, son fundamentales ya que afectan nuestra motivación y la toma de decisiones. 

Hay una historia de Jack Canfield que ayer “llegó a mis manos”  que transmite esta idea de concentrarnos en lo que está dentro de nuestras posibilidades. Comencemos a preguntarnos, entonces, ¿qué es lo que si depende de mí en esta situación? ¿Qué es lo que yo sí puedo hacer?

Acá se las dejo. Espero que la disfruten.

Todo el mundo puede hacer algo

La diferencia básica entre un hombre corriente y un guerrero es que un guerrero se

enfrenta a todo como un reto, en tanto que un hombre corriente se lo toma todo como

una bendición o como una maldición.

Don Juan

Roger Crawford tenía todo lo que necesitaba para jugar al tenis; sólo le faltaban dos manos y una pierna.

Cuando los padres de Roger vieron por primera vez a su hijo, vieron un bebé con algo parecido a un pulgar que salía directamente de su antebrazo derecho, y un pulgar y otro dedo de su antebrazo izquierdo. Los brazos y las

piernas del bebé estaban atrofiados, no tenía más que tres dedos en el deformado pie derecho y una pierna izquierda que más adelante hubo que amputar.

El médico dijo que Roger padecía ectrodactilismo, un raro defecto de nacimiento que sólo afectaba a uno de cada noventa mil niños nacidos en los Estados Unidos. Dijo que probablemente Roger jamás podría caminar ni valerse por sí mismo.

Afortunadamente, los padres de Roger no le creyeron.

—Mis padres siempre me enseñaron que uno es solamente tan disminuido como acepta serlo —cuenta Roger—. Jamás me permitieron que me compadeciera de mí mismo ni que, debido a mi desventaja, me aprovechase de

la gente. Una vez me vi en dificultades porque en la escuela siempre acababa tarde mis trabajos —explicaba Roger, que tenía que sujetar el lápiz con ambas «manos» para escribir—. Le pedí a papá que escribiera una nota a mis maestros pidiéndoles que me ampliaran en dos días el tiempo para hacer los deberes. ¡En cambio, él me obligo a empezarlos dos días antes!

El padre de Roger siempre lo estimuló para que participara en los deportes; le enseñó a atrapar y devolver una pelota de voleibol, a jugar al fútbol en el patio después de clase. A los doce años, Roger se las arregló para que le

asignaran un puesto en el equipo de fútbol de la escuela.

Antes de cada partido, Roger acostumbraba a visualizar su sueño de anotar un tanto y un día llegó su oportunidad. La pelota le cayó en las manos y, con su pierna artificial, echó a correr tan rápido como pudo hacia la línea de gol, mientras el entrenador y sus compañeros lo vitoreaban con todas sus fuerzas.

Pero, al llegar a la línea de las diez yardas, un grandullón del equipo contrario lo alcanzó y lo cogió por el tobillo izquierdo. Roger intentó zafar la pierna postiza de las manos del otro, pero lo que consiguió fue que éste se la arrancara.

—Todavía seguía en pie —recuerda Roger— y, como no sabía qué hacer, empecé a saltar con una pierna, hacia la línea de gol. El arbitro vino corriendo y levantando las manos. «¡Ensayo!», gritó. Me gustó más ver la expresión delchico que se había quedado con mi prótesis en la mano, que marcar aquellos seis puntos.

El entusiasmo deportivo de Roger fue en aumento, al igual que su confianza en sí mismo, pero su decisión no le alcanzaba para vencer todos los obstáculos. Almorzar en el comedor colectivo mientras los demás chicos veían

su torpeza le resultaba sumamente doloroso, lo mismo que sus repetidos fracasos en la clase de mecanografía.

—En aquella clase aprendí una lección muy valiosa —decía Roger—, es decir, que como no puedes hacerlo todo, lo mejor es que te concentres en lo que sí puedes hacer.

Lo que él sí podía hacer era manejar una raqueta de tenis. La pena era que, cuando asestaba un golpe fuerte, la raqueta se le escapaba y salía volando. Por casualidad, en una tienda de deportes, encontró una raqueta de aspecto raro y al probarla descubrió que su dedo encajaba en una hendidura que tenía el mango, con lo cual ya podía ejecutar el revés y la volea como un jugador normal. Empezó a practicar todos los días y no tardó en estar jugando (y perdiendo) partidos.

Pero Roger persistió. Practicaba sin pausa, y también sin pausa jugaba. Una operación en los dos dedos de la mano izquierda le permitió sujetar mejor su raqueta, con lo cual mejoró mucho su juego. Y, aunque no tenía ningún modelo que le sirviera de guía, estaba tan obsesionado con el tenis que con el tiempo empezó a ganar.

En la universidad siguió practicando y consiguió terminar su carrera con veintidós partidos ganados y once perdidos. Más adelante, llegó a ser el primer jugador físicamente disminuido que consiguió el certificado de profesional de la enseñanza otorgado por la Asociación de Profesionales del Tenis de los Estados Unidos. En la actualidad, Roger recorre todo el país dando charlas y conferencias sobre lo que se necesita para ser un triunfador, no importa quién seas.

—La única diferencia entre ustedes y yo es que ustedes pueden ver mi desventaja, pero yo no puedo ver las suyas. Estoy seguro de que todos las tenemos. Cuando la gente me pregunta cómo he podido superar mi problema

físico, les digo que no he superado nada. Simplemente he aprendido qué es lo que no puedo hacer… como tocar el piano o comer con palillos, y también, algo mucho más importante, lo que sí puedo hacer y eso, lo que puedo, lo hago con todo mi corazón

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