¿Cómo transitamos los procesos de cambio?

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Hola querida comunidad Willing! Hoy me gustaría compartir con ustedes una experiencia personal.
La semana pasada tuve la suerte de participar en un taller para padres brindado en el jardín maternal al que asiste mi hijo. Fue una enriquecedora y linda experiencia. Compartimos vivencias y el tema principal que nos reunió fue el proceso de cambio. Me encantó la temática ya que en Willing hemos tenido al cambio como protagonista en otras entradas del blog
Empezamos compartiendo entre los padres cómo vivimos cada uno el proceso de adaptación al jardín de nuestros hijos, y expresando con una emoción como lo hemos vivido. Salieron a luz varias emociones y sentimientos: angustia, expectativa, alegría, incertidumbre, etc. Esto es un fiel reflejo de cómo ante situaciones iguales o similares, hay tantas emociones y maneras de interpretarlas como personas haya.
Luego hicimos una dinámica en grupos. La consigna era pensar en una situación de cambio que hayamos vivido, ya sea reciente, de nuestra niñez, etc. Y trabajamos con dos preguntas disparadoras ¿cómo nos sentimos? ¿cómo resolvimos la situación?. Muchos de los presentes compartimos la experiencia de desarraigo, lo que sentimos al respecto y como resolvimos o vivimos este cambio. Otros mencionaron la experiencia de vivir un embarazo en un país lejano. También escuchamos historias de cambio de trabajos, etc. Muchas historias, muchas personas, muchas emociones. No obstante, había algo en común en todas las historias, ¿qué era eso que era común a todas ellas?…las formas de transitar un proceso de cambio. Salieron acciones que eran comunes a todos nosotros, acciones que cumplen la función de ser una suerte de cable a tierra o que nos ayudan a transitar estos cambios que van apareciendo en nuestro camino. Las acciones que mencionamos tenían más que ver con aquellos cambios que vienen acompañados de emociones como el miedo y angustia. Y estos son los diferentes puntos o acciones que, en menor o mayor medida, compartimos:

  • La importancia de registrar y validad cada emoción, de aceptar cómo nos sentimos frente a lo que estamos viviendo. Esto tiene que ver con la inteligencia emocional. Uno de los pasos fundamentales cuando vivimos una experiencia de cambio es registrar qué emoción estamos transitando. No      podemos regular una emoción o transformarla en funcional si no nos entrenamos previamente para reconocerlas cuando surgen…esto que estoy sintiendo ¿es angustia? ¿es ansiedad?…¿en qué parte del cuerpo registro esta emoción? ¿cómo es su intensidad?, etc. Y acá resalto, también, la importancia de ACEPTARLA. A veces creemos que está mal sentir o vivir una experiencia desde una emoción determinada “es el primer día de mi hijo, tendría que estar feliz”, “me ascendieron, no debería estar sintiendo angustia”….no gente! no nos torturemos, como seres emocionales que somos , tenemos un repertorio grande de emociones y las emociones nos dan información, están allí por algo. Reprimiéndolas, ignorándolas o negándolas no vamos a resolver nada. No podemos evitar que aparezcan ciertas emociones; lo que sí vamos a lograr, con un poco de entrenamiento emocional, es elegir cuánto tiempo habitamos una emoción en particular.
  • La importancia de la interacción social, de generar y contar con redes de apoyo y contención. Además de seres emocionales, también somos seres sociales. Aunque a veces creemos en la fantasía de que podemos ser totalmente independientes, que somos superpoderosos y que todo lo podemos, lo cierto es que necesitamos tener a nuestro lado personas con las cuáles compartir una charla, un momento…no necesariamente para hablar de lo que sucede, puede ser para distraernos, para divertirnos un rato, etc. Necesitamos del contacto, dejarnos mimar, permitirnos reír con el otro, poder delegar ciertas tareas…creo que necesitamos tanto de la interacción con el otro como el aire que respiramos. En estas historias de desarraigo, por ejemplo, todos acordamos en la importancia de involucrarse en actividades sociales (ir al gimnasio, apuntarnos en un curso, etc.) para conocer gente, para generar nuevas redes, etc.
  • Generar hábitos, principalmente hábitos de organización. Los hábitos son los que nos dan seguridad, los que permiten que nuestro cerebro se concentre en las contingencias, en las cosas nuevas que van surgiendo. Recuerdo uno de los cambios más importantes en mi vida…el ser madre! Al principio el tema de los tiempos era algo caótico, no lográbamos llegar temprano a ningún lado! Con mi marido no habíamos caído en la realidad de que ya no éramos 2 sino 3 y que los tiempos necesitaban, necesariamente, re-organizarse. Una cosa era cambiarnos nosotros y otra cambiar al bebé, guardar las cosas en el bolso (porque ya uno no sale con una linda y pequeña cartera…sale con una mochila que parece que vas de camping!…luego vamos comprendiendo y aprendiendo que no es necesario guardar media casa “por las dudas”). Y este es un hábito que vamos a estar revisando constantemente. Por ejemplo, en el taller al hablar de esto, surgieron preguntas o inquietudes como: “¿qué pasa cuando el nene se me empaca?” “tardo el doble para cambiarlo”…y acá volvemos…necesitamos revisar cómo estamos manejándonos con el tema del tiempo. Teniendo en cuenta que ellos también están viviendo sus propios procesos de cambios, que algún día no van a querer ir al jardín, que se van a levantar con más sueño que el de costumbre, que van a querer quedarse haciendo fiaca un rato más, etc., necesitamos administrarnos mejor y desarrollar nuevas estrategias. Quizás levantarnos 30 minutos antes de lo que solemos levantarnos, puede ser muy productivo y puede llegar a evitar que comencemos el día cargados de estrés y ansiedad. O evitar que terminemos diciéndole a nuestros hijos pequeños “dale que llegamos tarde, apurate!” (esto lo digo principalmente cuando hablamos de niños de corta edad, a los cuales no podemos asignarles ciertas responsabilidades que son exclusivamente nuestras), ya que no solo nos vamos a estar cargándonos de estrés a nosotros mismos sino que a ellos también. 

Y esto de la administración del tiempo y de adquirir estrategias, también es aplicable a otros dominios.

  • Buscar ayuda. Cuando vivimos una situación que sentimos no poder manejar, siempre está la posibilidad de buscar a alguien para que nos brinde una mano, una mirada diferente, para que me muestre eso que por ahí yo no estoy logrando ver. Esa ayuda puede traducirse como ayuda profesional como también puede ser recurrir a aquellas personas que vivieron o están viviendo una experiencia similar a la nuestra. Este taller fue una suerte de esto, de compartir y nutrirnos de la manera en la que los otros resolvieron y atravesaron diferentes momentos de cambio, como el período de adaptación de nuestros hijos al jardín, el mudarse a un país distinto, cambiar de trabajo, etc.

Estos son, básicamente, algunos puntos en común que surgieron al compartir nuestras experiencias. Cada uno de nosotros también va a tener sus propias estrategias para transitar los diferentes desafíos y cambios que se van a ir presentando en el camino.
Asimismo, el taller tenía otro “para qué”. La idea era comprender y ver la analogía entre nuestros procesos de cambio y el de nuestros hijos. Tomar consciencia de que ellos también van viviendo sus propios procesos de cambio y es fundamental respetar sus tiempos, reconociendo la singularidad en cada uno de ellos. No todos viven el inicio al jardín de la misma manera o comienzan a hablar a la misma edad, o transitan una mudanza de la misma manera. ¿Parece algo simple y obvio no? Sin embargo, a veces esto nos sucede en transparencia y se refleja cuando nos cargamos de culpas como “todos los demás nenes no lloran, mi hijo sí…hay algo que debo estar haciendo mal”, de frustraciones como resultado de caer en comparaciones “pero tiene unos meses más que mi hij@ y ya habla…cómo puede ser?!” “ellos también tienen dos hijos y el menor se adaptó fácilmente”, etc. Ahora bien, a diferencia de un adulto, un niño no va tener las mismas herramientas para transitar estos cambios. Un nene de 2 años posiblemente no va a expresar verbalmente lo que le sucede sino que va a expresar sus miedos o enojo a través de berrinches, llorando o un adolescente, por ejemplo, quizás transite ciertos cambios recluyéndose. Lo cierto es que cada uno de nuestros hijos va a vivir de manera diferente los cambios y lo van a hacer también en función de la etapa de desarrollo en la que se encuentren. ¿Qué podemos hacer nosotros como padres? Acompañárlos, trabajar nuestras propias emociones, respetar sus tiempos, transmitirles con el ejemplo, desarrollar una escucha activa y estar, por sobre todas las cosas, presentes (no sólo presentes en cuerpo sino también con nuestra cabeza!…el teléfono puede esperar, ciertas cosas se pueden hacer en otro momento, etc.) para ellos de la manera en la que nos necesiten.

Para ir cerrando…habrán visto el logo de Willing (que significa “estar predispuestos a…”) abajo contiene la leyenda “predispuestos al cambio”. ¿Por qué invitamos a vivir experiencias de cambio? Porque creemos que las experiencias de cambio nos permiten crecer, nos brindan la posibilidad de probar lo que somos capaces de ser y hacer, porque ahí es cuando tenemos la oportunidad de sacar a luz todos los recursos que disponemos e incluso surgen otros que creíamos no tener, porque cuando salimos de nuestra zona de confort, de nuestra burbuja de seguridad hay muchas nuevas experiencias que están ahí, esperando a que nos animemos a vivirlas, porque la vida consiste en eso…en movernos, en experimentar, en transformarnos, en trascender. Personalmente, agradezco todos esos cambios que me he permitido (y sigo permitiéndome) vivir, porque me han permitido desafiar ciertas creencias propias, me han enseñado que estamos repletos de recursos, me han permitido conocer a nuevas personas, nuevos lugares, nuevas culturas, me han abierto las puertas a nuevos sueños y proyectos. Cada experiencia de cambio me ha hecho crecer, transformarme, re-diseñarme y porque cada cambio (aún aquellos que no esperaba u otros que me hubieran gustado que no ocurriesen) me ha demostrado ser una gran experiencia de aprendizaje personal y de vida.
Y porque, al permitirme vivirlos, le transmito a mi hijo a través del ejemplo que se puede, de que es normal sentir miedo, angustia ante eso que es nuevo e incierto y que sentir esto tampoco excluye sentir simultáneamente alegría, esperanza, etc. Que las emociones no son ni “buenas” ni “malas”, simplemente son. Que la vida va a estar llena de cambios y que no debemos perder esa sed de curiosidad y necesidad de exploración propias de nuestra niñez. Que va a tener las herramientas y recursos necesarios para transitar todos los desafíos que se le presenten. Que se anime a soltar lo conocido porque allí afuera le espera un camino por recorrer, un camino lleno de de aventuras. Porque la vida misma es una aventura.

Hasta nuestro próximo encuentro

Natalia

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