Evolucionar con el error

Vivimos en una cultura en donde errar pareciera ser un pecado ¿Cuántas veces escuchamos en una empresa, por ejemplo, decir a ejecutivos “me equivoqué”? No suele ser algo muy común, ¿no? Pareciera que lo mejor es tapar los errores, ignorarlos, seguir adelante y “acá no pasó nada”. Y es así como terminamos convirtiéndonos en especialistas y grandes elaboradores de excusas en vez de reconocer -con la frente bien alta- cuando nos equivocamos. Errar puede ser una gran patada al estómago para nuestro ego. Sin embargo, cuando son debidamente atendidos, los errores pueden transformarse en una increíble fuente de aprendizaje y crecimiento. Con el error evolucionamos. Errar no es sinónimo de fracaso. Si no nos equivocamos, no hay aprendizaje. Sin aprendizaje, no evolucionamos.

Necesitamos dejar de ser tan solemnes con el error.  Una de las frases que más recordamos de Thomas Edison -reconocido inventor estadounidense- es la respuesta que le dio a un periodista cuando le preguntó sobre sus inventos fallidos: “No fracasé, solo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombita”. Para que nos vaya bien, posiblemente vamos a tener que equivocarnos muchas veces.

Si te preguntara por tus últimos errores, ¿te animarías a pensarlos?…¿Cuáles fueron tus últimos errores en tu trabajo? Si tienes un emprendimiento ¿en qué crees que te has equivocado? ¿Y en tu vida en general? ¿Te animás a escribirlos?

Y una última pregunta, no por ello menos importante…¿Qué creés que aprendiste gracias a esos errores?

Como bien decía Pablo Neruda: “El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas del error”

Buena semana!

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Surfear tus olas

Ayer recordé una película que había visto un tiempo atrás llamada “Chasing Mavericks”. Es una película autobiográfica – dirigida por Curtis Hanson- acerca de la vida del surfista estadounidense Jay Moriarity. La película guarda mucha relación con el tema de los límites Recuedo que al verla me había quedado con esa sensación de querer empapelar todas las paredes de mi casa con la frase…desafiá tus límites. El sueño de Jay era surfear las olas de Mavericks en California. Olas monstruosas en cuanto a su tamaño, que pone a prueba las habilidades de los mejores surfistas del mundo. Resumidamente, Jay logra hacerlo. Sin embargo, como una paradoja de la vida, el jóven surfista termina muriendo a los 22 años surfeando unas olas en Maldivas.
Por un lado me hacía mucho sentido esto de desafiar los límites, pero por otro lado, mi parte más racional del cerebro pensaba en cómo desafiar los límites puede ser peligroso, era como una especie de susurro en mi oído que me decía “claro fijare cómo terminó este muchacho por desafiar los límites”. Y esto quedó como una simple anécdota de aquel momento.
Hoy a la madrugada, después de varios meses de haber visto esa película, vino con más fuerza a mi cabeza la frase desafía tus límites. Y de pronto vinieron a mí -como si fueran imágenes sucediendo en una película- todos aquellos momentos en los en estos dos últimos años desafié mis límites personales y profesionales. En mi caso esas olas gigantes tenían más que ver con mis “no puedo”. Recuerdo aquel momento, charla familiar de por medio, en donde yo decía que siempre había querido transitar por la experiencia de vivir en otro país pero por más ganas que tenía era algo que nunca me animaría hacer… pasaron 2 años desde que dije eso y he vivido más de un año en Montevideo y ahora estamos viviendo en Estados Unidos. Cuando nació mi primer hijo creí que nunca iba a tener la valentía suficiente para dejar mi trabajo y acá estoy…nunca más desde aquel entonces he vuelto a trabajar en relación de dependencia. Mi sueño era apostar a hacer lo que me gusta, disfrutar de mi profesión pero disponiendo de más tiempo libre para estar con mis hijos…acá me tienen desafiando nuevamente mis límites, comenzando a dictar un curso de capacitación virtual. Hay cosas que llevaron su tiempo y un trabajo de crecimiento personal, como el haber dado el salto en mi profesión y estar ofreciendo productos y servicios de modalidad virtual. Pero lo cierto es que nada de esto hubiera sido posible si no hubiera desafiado los límites de esos “no puedo” que estaban tan presentes en mi vida. Y les puedo jurar que esos no puedo eran temerosas y gigantescas olas para mí.

Recuerda…no se trata de desafiar aquellos límites que ponen en riesgo nuestra vida -porque en estos casos los límites son sabios- pero que existan olas sumamente peligrosas no sgnifica que no haya otras que no nos permitan disfrutar de ser surfeadas.

Cierro mis ojos, siento una brisa en mi cara y la tibieza de unos rayos de sol…estoy parada en la orilla del mar. Estoy sintiendo el pleno disfrute de haber surfeado mis olas. Abro mis ojos y veo como mis no puedo se alejan a medida que las olas se van desvaneciendo.

¿Qué olas no te estás permitiendo disfrutar por miedo a surfearlas?

Hásta la próxima

Natalia